Contratar · Lectura con respuestas · 9 min de lectura
Cómo contratar entrenadores para un gimnasio: qué mirar además del currículum
El currículum dice lo que alguien ha estudiado; el trato, la fiabilidad y las ganas de aprender se comprueban de otra manera
Un buen currículum abre la puerta a una entrevista, pero no dice cómo habla esa persona con un socio nervioso, cómo se comporta un lunes a las siete ni qué hará cuando nadie la mire. Contratar bien exige mirar más cosas y mirarlas antes.
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Una directora recibe tres candidaturas para un puesto de entrenador en sala. La primera trae una titulación impecable y un historial largo en centros conocidos. La segunda, algo menos de papeles pero buenas referencias. La tercera, un currículum corto y una carta escrita con cuidado. La directora lleva dos semanas con la sala justa de personal y la reunión del viernes la ha dejado agotada. Elige la primera candidatura en diez minutos, firma y se olvida del asunto.
Tres meses después, el entrenador cumple con las sesiones y sabe de lo que habla, pero los socios nuevos no le preguntan nada, el resto del equipo evita coincidir con él en el turno y la directora no sabe si el problema es suyo, de él o de la forma en que se hizo la contratación. Nadie falló en lo evidente. Se falló en lo que el currículum no enseña.
Contratar a un entrenador puede ser una de las decisiones más caras que toma un centro, aunque no figure como tal en ninguna partida. ¿Qué conviene mirar, además de lo que está escrito en el papel, y cómo se mira sin convertir la selección en un interrogatorio?
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Lo que el currículum cuenta y lo que deja fuera
La titulación y la experiencia importan, y nadie debería restarles valor. Un entrenador necesita una base sólida en anatomía, fisiología y programación, y necesita haber pasado por salas reales para saber lo que ocurre cuando diez personas piden algo a la vez. Eso es un mínimo, y conviene confirmarlo con lo que corresponda al puesto: formación acreditada, experiencia comprobable, referencias que se puedan llamar.
El problema aparece cuando el mínimo se convierte en el único criterio. El currículum describe a la persona en pasado y por escrito, y lo que un centro necesita es saber cómo se comportará en presente, delante de gente, en un entorno concreto con unas normas concretas. Dos candidatos con la misma formación pueden ser muy distintos en el trato, en la constancia y en la capacidad de aceptar una corrección.
El trato con el socio
Es lo primero que nota quien entrena y lo último que aparece en un papel. Un socio recuerda si el entrenador le miró cuando le habló, si le explicó el ejercicio sin hacerle sentir torpe, si se acordó de que la semana anterior le dolía el hombro. Ese trato se parece poco a saber mucho: hay entrenadores brillantes que no consiguen que nadie les haga una segunda pregunta y entrenadores corrientes a quienes la gente busca por su nombre. Para un centro, la segunda clase de persona puede aportar más a la permanencia de los socios que la primera.
La cultura de trabajo
Cada centro tiene una manera de hacer las cosas: cómo se recibe a quien llega, qué se hace cuando alguien falta, cuánto se habla con los socios y de qué. Un candidato puede ser excelente y encajar mal con esa manera. No se trata de buscar clones, sino de saber si la persona entiende que trabaja dentro de un equipo con reglas que no ha escrito ella. Quien dirige debería poder describir su cultura con palabras sencillas antes de empezar a buscar, porque solo así sabrá si el candidato la entiende, la comparte o la va a discutir cada semana.
La fiabilidad y las ganas de aprender
Llegar a la hora, avisar cuando algo cambia, cumplir lo que se dice y cerrar lo que se empieza son rasgos poco vistosos y decisivos. Un entrenador con mucho talento y poca fiabilidad obliga al resto del equipo a cubrirle, y esa carga se paga en el ambiente. Las ganas de aprender importan por el mismo motivo: un sector donde los métodos, las herramientas y los socios cambian necesita personas que sigan estudiando y que acepten que el compañero con menos años puede saber algo que ellas no saben. Se nota en cómo hablan de sus errores y de lo último que han aprendido.
Qué papel juega el perfil del puesto
No todos los puestos piden lo mismo. Un entrenador de sala que acompaña a quien empieza necesita paciencia y capacidad de explicar; uno que dirige clases colectivas necesita presencia y gestión del grupo; uno de entrenamiento personal necesita seguimiento y constancia con cada cliente. Antes de abrir la búsqueda conviene escribir qué hará exactamente esa persona durante una semana normal, con quién hablará y qué decisiones tomará sola. Con esa descripción delante, mirar un currículum cambia: ya no se pregunta si el candidato es bueno, sino si es bueno para esto. Muchas selecciones fallan porque se busca al mejor entrenador posible en abstracto y se contrata a alguien para un puesto que nunca se definió.
El currículum es el filtro de entrada, no el criterio de decisión. Lo que decide si una contratación funciona se ve en el trato, en la constancia y en la disposición a aprender, y eso hay que buscarlo a propósito.
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Cómo comprobar lo que el papel no enseña
Mirar más cosas no significa alargar el proceso hasta el agotamiento. Significa elegir pocas situaciones en las que el candidato muestre cómo trabaja y plantearlas igual para todos.
Una entrevista que hable de situaciones
Las preguntas generales invitan a respuestas de manual. Preguntar a alguien si trabaja bien en equipo produce un sí. Preguntarle qué hizo la última vez que un compañero y él discreparon sobre cómo entrenar a un socio produce una historia, y en esa historia se ve mucho: a quién culpa, qué aprendió, cómo cuenta a la gente con la que trabajó. Conviene preparar cuatro o cinco situaciones reales de tu centro y hacerlas a todos los candidatos en el mismo orden, para poder compararlos sin que decida la simpatía del momento.
También importa lo que el candidato pregunta. Quien quiere saber cómo se atiende a los socios nuevos, cómo se reparte el trabajo o qué se espera de él en los primeros meses está pensando en el puesto. Quien solo pregunta por horarios y pagos probablemente piensa en otra cosa. Ninguna de las dos actitudes es ilegítima, pero cuentan algo distinto.
Una prueba práctica que se parezca al trabajo
Ver trabajar a alguien dice más que escucharle hablar de cómo trabaja. La prueba puede ser breve: dirigir una sesión corta con un socio habitual que colabore, valorar a una persona que acaba de llegar, o corregir la técnica de un ejercicio delante de quien dirige. No necesita montaje. Lo que se observa no es la perfección técnica, sino cómo explica, cómo escucha, cómo reacciona cuando algo no sale como esperaba y qué hace si se equivoca. Conviene avisar con claridad de qué consiste, cuánto dura y que se trata de una prueba de selección, y confirmar con el asesor laboral cómo se plantea para que quede bien encuadrada, porque una prueba mal definida puede traer problemas que no tienen nada que ver con el entrenamiento.
Preguntar a quien ya ha trabajado con él
Las referencias se piden pocas veces y se aprovechan peor. Una llamada de cinco minutos a un antiguo responsable, con preguntas concretas sobre puntualidad, trato con los socios y relación con el equipo, dice más que una carta de recomendación. Se hace con el permiso del candidato y se escucha tanto lo que se cuenta como lo que se evita contar.
Lo que se pacta antes de empezar
Una buena elección puede estropearse en las primeras semanas si ninguna de las dos partes sabe qué espera la otra. Algunas salidas tempranas no se deben a que el entrenador fuese el equivocado, sino a que el puesto era distinto de lo que él imaginó, o el candidato fue distinto de lo que el centro imaginó, y nadie lo habló a tiempo.
Expectativas claras, por escrito y desde el principio
Descríbelas con palabras sencillas: qué tareas incluye el puesto, qué horarios, cómo se atiende a los socios, qué se hace cuando hay un problema, qué se espera de la formación continua y cómo se hablará de cómo van las cosas. Un documento de una página, entregado antes de firmar, evita muchas sorpresas. Escribirlo obliga además a quien dirige a decidir lo que hasta ahora daba por sobreentendido, y eso suele ser un ejercicio útil por sí solo.
El periodo de prueba como conversación
El periodo de prueba no sirve solo para decidir si la persona se queda. Sirve para que ambas partes comprueben si lo que se dijo en la entrevista era cierto. Funciona mejor con revisiones pactadas de antemano, en las que se habla de lo que va bien, de lo que no y de lo que el entrenador necesita para hacerlo mejor. Un periodo de prueba sin ninguna conversación es una ruleta; con conversaciones, es una forma de formar a alguien. Las condiciones de ese periodo, su duración y el tipo de contrato dependen de la normativa y del convenio aplicable, y deben consultarse con el asesor laboral antes de ofrecerlas.
Cuando la urgencia aprieta
La prisa es uno de los mayores enemigos de una buena contratación. Quien tiene un hueco que cubrir mañana tiende a bajar el listón sin darse cuenta y a justificarlo con que ya se corregirá. Con frecuencia no se corrige. Lo más sensato es tener siempre abierta una conversación con uno o dos perfiles posibles, aunque no haya vacante, y contar con una solución temporal clara, como repartir turnos o cerrar una clase, para no decidir con el agua al cuello. Es incómodo en el momento y mucho más barato que deshacer un error.
Los primeros días cuentan más de lo que parece
La incorporación es la parte de la contratación que más se descuida. Se firma, se enseña la sala y se da por hecho que la persona ya sabrá moverse. Un entrenador que llega y no sabe a quién preguntar, cómo se registra una incidencia o quién cubre un turno empieza con la sensación de que el centro no se ha preparado para recibirle. Basta con una primera semana pensada: alguien que le acompañe, un recorrido por cómo se atiende a los socios, tiempo para observar antes de dirigir y una conversación corta al final de cada día. No cuesta mucho y marca el tono de todo lo que viene después, también para el resto del equipo, que aprende cómo se trata a quien llega.
Una contratación se prepara antes de la entrevista y se consolida después de la firma. Lo que queda sin decir al principio suele reaparecer meses más tarde en forma de desacuerdo, de desgana o de salida.
Un último matiz: contratar bien no garantiza que la persona se quede. Las personas cambian de ciudad, de objetivos y de ritmo de vida. Lo que sí mejora las probabilidades es que se vayan por motivos de ese tipo y no por algo que el centro pudo haber aclarado en la primera semana. Un entrenador que entra sabiendo lo que se espera, con quién trabaja y cómo se le ayudará a crecer tiene más motivos para quedarse que uno al que se le ha dicho todo sobre la marcha.
Antes de cerrar la página
Escribe la descripción de tu puesto, con tus palabras
Cuatro respuestas cortas. Con ellas se compone un texto escrito que puedes copiar, guardar o llevar a tu próxima reunión de equipo.
Preguntas frecuentes
¿Qué hay que mirar al contratar a un entrenador además de la titulación?
El trato con el socio, el encaje con la cultura del centro, la fiabilidad y las ganas de aprender. Se comprueban con una entrevista basada en situaciones reales, una prueba práctica breve y alguna referencia de quien ya trabajó con esa persona.
¿Cómo se hace una entrevista a un entrenador de gimnasio?
Conviene preparar cuatro o cinco situaciones reales del centro y plantearlas a todos los candidatos en el mismo orden. Se escucha cómo cuentan lo que hicieron, qué aprendieron y qué preguntan ellos, no solo qué responden.
¿Es buena idea hacer una prueba práctica antes de contratar?
Suele serlo, porque ver trabajar a alguien dice más que escucharle. Debe ser breve, parecerse al trabajo real y explicarse con claridad. Cómo plantearla para que quede bien encuadrada conviene confirmarlo con el asesor laboral.
¿Para qué sirve el periodo de prueba?
Sirve para que ambas partes comprueben si lo dicho en la entrevista era cierto. Funciona mejor con revisiones pactadas. Su duración y condiciones dependen de la normativa y del convenio, así que conviene consultarlas con el asesor laboral.
¿Cómo evitar que un entrenador se vaya a los pocos meses?
No se puede garantizar, pero mejora las probabilidades dejar claro por escrito qué se espera, acompañar las primeras semanas, hablar con regularidad de cómo van las cosas y no contratar con prisa para salir del paso.
De dónde sale esto
- Lencioni P. The Five Dysfunctions of a Team, 2002.
- Convenio colectivo estatal del sector de instalaciones deportivas y gimnasios (debe consultarse el vigente).
- Reglamento (UE) 2016/679 (RGPD) y Ley Orgánica 3/2018 de Protección de Datos Personales y garantía de los derechos digitales, para el tratamiento de datos de candidatos.
- Health & Fitness Association (antes IHRSA). Informes globales sobre el sector del fitness.
- Convenio y normativa laboral: consulta con un asesor laboral antes de fijar pruebas, contratos y periodos de prueba.
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